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La problemática de la vivienda para la clase media en Argentina, en un espacio de opinión abierta generado por GNI

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Archive for Diciembre, 2010

Pablo Rosa, Gerente Comercial de Propietarian (GNI), entregó frente a escribano público un iPad de Apple al ganador de la Campaña “Recomendá el Caso Pablo Rossi”, Miguel Nieto. “Cuando me mandaron el mail no lo podía creer, yo trabajo todo el día con tecnología así que me viene bárbaro”, señaló el afortunado ganador, procedente de Saldán, Córdoba.

Después de leer el acta del concurso, y de que Miguel Nieto respondiera correctamente las tres preguntas-desafío sobre el Programa de Financiamiento (Dónde están ubicadas las torres Cardinales y cuántas son, y cuántas cuotas tiene Propietarian), ambas partes firmaron el acuerdo.

 Después, la mejor parte: Pablo Rosa entregó el iPad en mano a Miguel Nieto. Inmediatamente, el ganador (acompañado por el Javier Luque, el amigo que le hizo conocer el concurso y lo incentivó a participar), abrió el paquete, ansioso. “Sigo sin poder creer que lo gané. Participamos a mediados de octubre, y a partir de eso, empecé a recomendar el Caso Pablo Rossi a otras personas. Después me llega el mail con esta gran noticia”, dijo el ganador. 

 De la Campaña “Recomendá el Caso Pablo Rossi” participaron 2125 personas, de la cuales, se seleccionó un ganador por sistema, al azar. Propietarian agradece a Martín y a todos los que participaron el concurso. “Esta es una excelente forma de empezar el 2011”, finalizó Nieto, con su iPad en mano.


29 Dic 2010

El sinuoso camino a la vivienda

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La vivienda es un problema complejo y difícil de resolver. Las ocupaciones de terrenos públicos en Buenos Aires y Córdoba desnudaron la poca inversión del Estado nacional y provincial, pero principalmente la falta de una política integral.

Sectores privados y públicos estiman que el país tiene un déficit habitacional de tres millones de viviendas. Un tercio necesita una vivienda nueva; otro tercio requiere ampliar la que tiene y el otro sólo precisa mejorarla (sumar un baño o ponerle piso).

El Gobierno de Córdoba estima que el déficit habitacional en la provincia es de 120 mil viviendas. En la Capital, según datos del Censo 2001, faltan 76 mil unidades.

Sin embargo, los datos del segundo trimestre del año de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), elaborado por el Instituto de Estadísticas y Censos (Indec), indican que sólo en el Gran Córdoba 55,6 por ciento de los hogares (unos 250 mil) son propietarios de la vivienda y el terreno; a esto se agrega 3,3 por ciento que sólo es dueño de su vivienda (construida en un terreno fiscal o en uno cedido por familiares, por ejemplo).

Casi 129 mil hogares, el 28,6 por ciento, alquila su vivienda. Descontados los estudiantes universitarios (que no buscan una casa propia), una parte importante de este grupo estaría dispuesto a comprar una vivienda si pudiera hacerlo.

A esto se agrega unos 48 mil hogares que ocupan una vivienda en canje por pago de impuestos, en relación de dependencia, con permisos e instalándose de hecho sin autorización. En síntesis, en el Gran Córdoba 176,6 mil hogares tienen algún problema de vivienda.

Falta todo. Según el Gobierno provincial, entre 1999 y 2010 se hicieron 36.800 viviendas en toda la provincia. El plan del gobernador Juan Schiaretti era llegar a 55 mil unidades al finalizar su mandato, una cifra a la cual le será difícil llegar y, aun cuando llegara, estaría lejos de lo que requieren los cordobeses.

Por su parte, el Ministerio de Planificación Federal asegura que, entre mayo de 2003 y octubre de 2010, construyó en Córdoba 13 mil viviendas nuevas, tiene en ejecución casi cuatro mil y promete iniciar otras 2.200 unidades. A su vez, afirma que mejoró casi seis mil viviendas, tiene en reforma cuatro mil y piensa optimizar otras 82.

“Entre los empresarios hay mucho enojo. El plan de viviendas del Gobierno nacional no fue lo que se prometió, se están haciendo muchas obras con la municipalidades y se desvían fondos para agrupaciones como Tupac Amaru o Madres de Plaza de Mayo. No hay política de construcción de viviendas”, asegura Mario Buttigliengo, titular de la Regional Córdoba de la Cámara Argentina de la Construcción.

Esto ha dejado un margen amplio para que las desarrollistas ofrecieran sus propios mecanismos para acceder a la vivienda. Sin embargo, el mercado por sí mismo no puede resolver el problema: en algunos casos las cuotas son altas en relación a los ingresos, se ajustan con el costo de la construcción o son en dólares (ver aparte).

“Este problema no se soluciona con planes de vivienda. Hace falta una estrategia habitacional que planifique la vivienda, que regularice los dominios de la tierra, que regule los alquileres y que estudie cuándo hace falta viviendas nuevas y cuándo mejorar o ampliar la que una familia ya tiene”, asegura Aurelio Ferrero, docente de la Universidad Nacional de Córdoba y vicedirector del Centro Experimental de la Vivienda Económica (Ceve), integrado por investigadores del Conicet.

FUENTE: La Voz del Interior

La construcción de viviendas se volcó al segmento de mayor poder adquisitivo.

Tres de cada diez familias no tienen vivienda propia y se ven obligadas a pagar un alquiler o terminan confinadas en villas o asentamientos precarios. La situación se mantiene prácticamente invariable desde 2004 y confirma que el fuerte crecimiento económico de los últimos años poco y nada sirvió para aliviar la crisis habitacional crónica del país.

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, que desde 2004 elabora la UCA, el año pasado un 71% de los hogares era propietario de la vivienda que ocupaba, mientras que 15% la alquilaba y 14% la ocupaba o presentaban distintas formas de tenencia irregular. Salvo por una pequeña mejora en la cantidad de familias que pudo salir de una villa y comenzó a alquilar, este escenario casi no registró cambios en el último quinquenio.

El crecimiento, por si solo, no creó propietarios.
Los títulos de propiedad son más escasos entre la población de bajos recursos. En las villas, sólo 46% de las familias es dueña y 8% alquila. Pero otro 46% es “ocupante”.

Luis Baer, investigador de la UBA y el Conicet, marca la paradoja de que el crecimiento “a tasas chinas” agravó la crisis habitacional en vez de contribuir a resolverla . “En un contexto donde el mercado de suelo está totalmente desregulado, se produjo una demanda muy fuerte sobre el suelo de la ciudad”. Así, la mejora de la actividad provocó fuertes subas en los valores de las propiedades y también en su alquiler.

“Se discute mucho sobre la inflación de los alimentos, pero poco se habla del aumento del precio del suelo” , advirtió el experto. Desde fines de 2003, este incremento fue de entre cuatro y cinco veces según la zona de la ciudad. Sin ayuda crediticia conveniente y con salarios que no crecen a la par, una gran porción de la población quedó sin chances de acceder a una casa . Un trabajador necesita hoy 84 salarios promedio para comprar un departamento de 60 metros , de acuerdo con un estudio de la UADE. En los noventa, con 50 sueldos bastaba.

La encuesta de la UCA marca claramente que también a la hora de alquilar el impacto de la inflación inmobiliaria lo sufren más los que menos tienen . Entre 2007 y 2009, el valor promedio de los alquileres subió 62%. Pero en las villas esa suba llegó al 97%.
Un agravante es que, sin regulación estatal, la construcción se volcó al segmento de la población de mayor poder adquisitivo.

Es decir, se construyeron casas para la gente que podía pagarlas y no para quien las necesitaba . En Buenos Aires, de los permisos de construcción otorgados entre 2003 y 2008, un 40% fueron para la categoría “multivivienda suntuosa”. En el conurbano, en tanto, los “barrios cerrados” ya cubren 40.000 hectáreas, el doble de Buenos Aires.

El Estado, único oferente de viviendas sociales, también fue víctima del encarecimiento del suelo y se ve obligado a construir en zonas alejadas . Según Baer, “los planes de vivienda fueron a suelos de baja calidad, en el borde de los tentáculos de la región metropolitana”. Para el investigador, a esta altura es imprescindible “la implementación de políticas que contribuyan a controlar el precio del suelo”.

FUENTE: Clarin


14 Dic 2010

La casa propia, lejos de la clase media

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Para un crédito, se necesitan ingresos mayores a 10 mil pesos o un ahorro previo. Pocas cooperativas son las que dan alguna solución. El 40%de los hogares cordobeses paga alquiler.

Juliana y Aldo acaban de renovar el contrato de alquiler por dos años. Esperan en dos meses el nacimiento de su primera hija y pese a que se habían ilusionado con tener algo propio cuando ampliaran la familia, no hubo caso. Los dos cobran por encima del salario promedio de un trabajador privado en Córdoba, de 3.071 pesos.

Pero aunque juntan un ingreso interesante, no llegan: o las cuotas de los créditos son muy altas y no les alcanzan los ingresos (no puede superar el 30 por ciento de los ingresos en blanco) o llegan pero con el dinero que les prestarían no compran ni la mitad de un inmueble básico.

Tampoco tienen 30 mil dólares para completar el faltante. El círculo se retroalimenta porque los dos mil pesos que les lleva el alquiler con expensas les sacan capacidad de ahorro como para pensar en juntar ese dinero extra.

La historia de Juliana y Aldo se repite en la gran mayoría de las familias que no tiene vivienda propia. Se calcula que el 40 por ciento de los 996.842 hogares que relevó el Censo 2008 en la provincia son alquilados.

Caro y escaso. ¿Qué posibilidades hay entonces de que muchas de estas familias cambien el alquiler por una casa propia? Se entiende por sectores “clase media”. Si se los define por ingresos del hogar, el rango podría ir desde los 2.500 pesos hasta los siete mil, con su variante de clase media-baja y media-alta en las puntas, según apunta Ernesto Kritz, de SEL Consultores.

El tradicional crédito hipotecario bancario es escaso y con requisitos que excluyen a la gran mayoría. Sigue siendo muy ventajoso el crédito del Banco de Córdoba, que con ingresos familiares de cinco mil pesos queda una cuota fija de casi 1.600 pesos a 30 años para obtener 50 mil dólares. Pero requiere tener el lote si se va a construir o una buena diferencia en la mano para llegar a un inmueble si se opta por la adquisición. Hay algo también en los bancos Hipotecario, Nación y Francés (ver en página 5).

Aquí se termina produciendo una injusticia: el que tiene plata terminará haciendo un gran negocio con el crédito, que se licuará con la inflación; mientras que Juliana y Aldo no llegarán nunca porque no pueden pagar el alquiler y ahorrar para un terreno o para la diferencia entre lo que el banco les presta y lo que cuesta una vivienda.

El problema de la inflación. “No hay nada accesible para los sectores medios. La construcción cuesta, en dólares, 70 por ciento más que en 2001. Si la comparás con el poder adquisitivo, al tener inflación, por más que tengas tasas negativas, es impagable”, dice con crudeza Martín Amengual, titular del Grupo Regam y uno de los que proponía, cuando existían las AFJP, volcar ese ahorro al mercado de la vivienda.

Habría al menos dos razones que explicarían por qué ni el sector privado ni el Estado han sabido articular una respuesta razonable a la demanda de vivienda de segmentos medios en la última década.

Una es la inflación. Un país que convive con una constante suba de precios debe admitir un mecanismo de ajuste de la cuota hipotecaria. Y no hay uno que conforme plenamente al que invierte sin espantar al que compra. Algunos directamente plantean los valores en dólares, como hace con éxito Gama; otros ajustan de acuerdo al índice del costo de los materiales de la construcción, como el caso de GNI Propietarian; otros tienen tasa fija con subsidio del Estado, como el Banco de Córdoba; otros combinan tasa fija y variable como los bancos Hipotecario, Nación y algunos privados y otros están buscando un ajuste de acuerdo a la variación del salario.

“Cuando hay tasas de inflación altas y se hace todo con tasa de interés, la cuota se vuelve alta aunque las tasas sean negativas”, explica Horacio Parga, de Edisur y titular de la Cámara de Desarrollistas de Córdoba. Y asegura que el Gobierno siempre ha rechazado los planes de vivienda que contemplen algún tipo de indexación, aun con una tasa de interés baja como el tres por ciento. “Hay una especie de miopía importante”, sentencia. “No sé por qué a alguien se le ocurrió que la indexación es causa de la inflación”, agrega Amengual.

La otra razón tendría que ver con la planificación urbana. Desde la crisis del corralito, los excedentes de dinero –asustados por la experiencia y los bajos rendimientos– se refugiaron en los inmuebles. Y ahí se combinó todo: con inversores dispuestos a pagar lo que fuese, la ciudad se expandió hacia los bordes, el precio de la tierra se volvió inaccesible y no se densificaron zonas ya urbanizadas. Hoy, los inmuebles, en dólares valen casi el doble que en 2001, cuando el salario promedio, también medido en dólares, está igual.

El fenómeno no es excluyente de la ciudad, pero aquí tiene sus agravantes. “En una ciudad como Córdoba, con un ejido urbano tan extenso, está totalmente agotado el modelo de countries y barrios cerrados. Hay un montón de tejido blando por urbanizar; hay que desarrollar viviendas en altura, poner en valor un montón de barrios y salir del casco céntrico”, dice Roque Lenti, de GNI, que construye Capitalinas y Propietarian.

Irse a la periferia podría abaratar un poco el costo de la tierra, pero la construcción sigue cara.

Hoy, el metro cuadrado en Córdoba cuesta, según índices oficiales, 2.196 pesos.

FUENTE: La Voz del Interior


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