El acceso a la vivienda en Argentina es uno de los principales problemas sociales. La desigual distribución habitacional, la falta de oportunidades y las diferencias en los ingresos de los habitantes per cápita trazan un panorama poco alentador que a pesar del paso del tiempo, no se ha podido resolver. De hecho, según el Censo Nacional de Población y Vivienda (2001), nuestro país tiene un déficit estimado de más de 2.600.000 viviendas (26,2% del total de hogares).
El contexto económico complejo, los niveles de ingresos insuficientes en relación al costo de una vivienda, el alto grado de informalidad de la economía, y la carencia de ahorro previo dificultan el acceso al crédito.
Así, las oportunidades de acceso se achican. Por parte del Estado, tradicionalmente el sector viviendas se movió en base a dos ejes fundamentales: el Banco Hipotecario Nacional (BHN), como líder del financiamiento hipotecario y del sector de la construcción, y el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), que puso el énfasis en el otorgamiento de viviendas que debían ser destinadas a sectores ubicados en la base de la pirámide social. Pero las políticas públicas aplicadas fueron débiles y poco eficaces, con lo cual, no lograron bajar los altos índices de necesidad de vivienda.
Por la parte privada, los precios de las viviendas suelen sobrepasar la capacidad adquisitiva de las personas en algunos casos. Además, muchas veces la financiación no cumple con las expectativas del cliente, ofreciendo planes inaccesibles y de altísimos intereses. No se ajustan a los intereses ni al margen económico de la clase media, que es en la mayoría de las ocasiones quien echa mano a los planes de financiación de la hipoteca privada. Esto lleva –tendencia que se nota mucho en la actualidad- a que los desarrollistas sean quienes arman esquemas de financiación a largo plazo, reemplazando a los bancos, quienes tradicionalmente cumplían esta función.
Está claro que el déficit habitacional argentino no puede resolverse con los métodos y agentes tradicionales. En un contexto cambiante económicamente y en el que el nivel de ingresos de las personas es multivariado, es necesaria la convergencia de los diferentes sectores, que permita desplegar opciones que se adapten a cada necesidad.